El thriller brasileño con Wagner Moura que aspira al Oscar
El cine brasileño de hoy en día ha encontrado una manera única de mirar hacia su pasado, y eso no solo se refleja en los temas que aborda. Lo vemos claramente en “El Agente Secreto”, una de las últimas obras del director Kleber Mendonça Filho, que está llegando a las pantallas argentinas justo después de la fuerte impresión que dejó “Aún estoy aquí”.
Con cuatro nominaciones a los premios Oscar, esta película llega con un aire de expectativa. A pesar de su apariencia de ser una gran película, su verdadero atractivo radica en ser un rompecabezas emocional, donde cada pieza brilla por su cuenta.
De qué trata El Agente Secreto
La historia nos transporta a 1977, un año crucial en la política del Cono Sur. Marcelo, interpretado por el talentoso Wagner Moura, es un profesor universitario que encuentra en Recife un refugio, escapando de la represión policial en São Paulo. Pero este “retiro” no es tan simple; más bien se convierte en una especie de exilio interno, donde la vigilancia es constante.
Marcelo intenta rehacer su vida y conectar con su hijo, pero se encuentra en una ciudad que parece estar llena de murmullos a su alrededor. La película no se desarrolla como un thriller típico. Más bien, se siente como un estudio sobre la paranoia diaria: el ruido de un motor frente a casa, la mirada incómoda de un extraño en el mercado, o ese eterno silencio de una línea telefónica intervenida.
El film destaca en sus secuencias largas y tensas, cargadas de simbolismo, que a menudo superan la fluidez de la trama. Seguramente, dejará una huella en la memoria del espectador a través de esas intensas narrativas visuales y emocionales.
Wagner Moura: el pulso del relato
En el corazón de esta historia está Wagner Moura, que ofrece una actuación quizás más sutil y compleja que las anteriores. Su personaje, Marcelo, exige un equilibrio constante entre el miedo paralizante y la dignidad de quien se niega a quebrarse.
Moura sostiene la película incluso en los momentos más pesados. Su habilidad para mostrar el peso de la clandestinidad a través de gestos mínimos es lo que lo hizo merecedor de una nominación al Oscar como Mejor Actor. Su actuación no busca la ovación fácil; en cambio, se adentra en la psique de un hombre que sabe que su tiempo se está acabando. Además, las figuras que lo rodean, con su ambigüedad, crean un fascinante ecosistema humano.
El juego de las temporalidades y el eco de El Secreto de sus Ojos
No puedo evitar comparar “El Agente Secreto” con “El Secreto de sus Ojos”, una historia que probablemente resonará con el público argentino. Ambas películas juegan con el tiempo para explicarnos el presente a través de las dudas del pasado.
Esa “pintura de época” donde la dictadura no solo es un contexto, sino que altera nuestra percepción del tiempo, es palpable. En el film de Mendonça Filho, los saltos temporales son recordatorios de que el trauma no es lineal. Al igual que en la aclamada película argentina, aquí la búsqueda de la verdad y la memoria son vitales, aunque el tono brasileño es más sombrío.
La fotografía de Pedro Sotero opta por evitar las postales brillantes de Brasil. Nos muestra un Recife con estética brutalista, sombras que oprimen y colores apagados. Es un lugar donde la luz destaca a quienes intentan ocultarse, desmantelando la idea de que “en Brasil todo es alegría”.
Un lugar en la temporada de premios
El éxito de “El Agente Secreto” en festivales y su presencia en los Oscar 2026, con nominaciones a Mejor Película Internacional, Director, Actor y Guion, demuestra un apetito global por las historias latinoamericanas que abordan su historia con madurez.
Para el espectador argentino, se presenta como una ocasión ideal para reflexionar sobre nuestras propias sombras en la región, todo envuelto en un lenguaje cinematográfico de alta calidad. Un estreno que, más allá de cualquier análisis, se convierte en una cita obligada para quien quiera entender la dirección actual del cine en nuestro continente.
El Agente Secreto se estrenará en los cines el 26 de febrero. Es obra de Kleber Mendonça Filho y cuenta con las actuaciones de Wagner Moura, Carlos Francisco, Tânia Maria, y otros. La duración es de 161 minutos.